Los sonidos de la naturaleza

Los sonidos de la naturaleza

«La música no es ilusión, sino, más bien, revelación. Su poder reside en el hecho de que nos revela bellezas que no encontramos en ninguna otra parte, y en que la percepción que tenemos de ellas no es transitoria, sino una perpetua reconciliación con la vida.» (Piotr Ilich Tchaikovsky)

Esta frase me lleva a adentrarme en el sentido del silencio. El Silencio con mayúscula es tan importante como el sonido.

Los aymaras, habitantes de mesetas altiplánicas y montañas cercanas a las nieves eternas de sudamérica, y tantas otras personas de lugares remotos, saben oír el silencio, lo cual les permite distinguir las sutiles gamas de sonidos en su entorno: el crujir de la rama, el murmullo del riachuelo, la suave armonía de la brisa al mecer los árboles o el silbar con fuerza del viento antes de una tormenta.

Estos sonidos forman una bella sinfonía inacabada y siempre nueva. ¡Sorprendente!

Es algo tan sublime y a la vez tan sencillo que todos lo podemos constatar si somos capaces de acallar nuestro «ruido» interior.

Fotografía: Javier Bustamante

En la actualidad vivimos una saturación acústica, sobretodo en nuestro mundo urbano lleno de sonidos de alta intensidad, prolongados, monótonos, propios de las máquinas. Esto se refleja en algunas músicas estridentes, ruidosas, reiterativas y aplastantes que nos embotan el sensorio, disminuyendo nuestra capacidad de matización. Por todo ello hemos creado una mayor resistencia al sonido: «somos más sordos» (Gudemos, 1995). Carecemos de esa capacidad de discriminación y se nos hace difícil introducirnos en ese mundo donde los sonidos de la naturaleza tienen significado.

El silencio es anterior, común a toda la humanidad, antes que la voz incluso. El sonido de la naturaleza, acompaña y da realce.

En toda composición musical cobran gran importancia esos «silencios» que al compositor le ayudan a realzar de manera más plena aquello que está queriendo exponer.

Si somos fieles al silencio y lo sabemos usar bien, será nuestro mejor vehículo para el entendimiento con los demás. Los sonidos que vienen de la naturaleza no interfieren en una buena armonía, podemos conversar amigablemente con los amigos y no estorban, antes bien acompañan. El silencio es como un vaso adecuado donde podremos servir nuestras buenas ideas. La belleza y la armonía harán que el entendimiento pueda ser real.

Hemos de tener cuidado con los «ruidos que hacemos» para que no rompan esa maravilla, ese misterio sonoro y luminoso que es el silencio. Igualmente hemos de cuidar que no nos invadan los ruidos de los demás y del mundo, que puede destruir este «ambiente» tan precioso.

Por ello hemos de vigilar y escoger mucho las músicas que escuchemos (apropiadas en los distintos momentos), evitando que sin nuestro control ni beneplácito, se metan de contrabando en nuestra intimidad y rompan el tesoro del silencio: músicas, además de voces y ruidos, fuera de lugar y de tiempo, de modo y de contenido.

Una música escogida, surgida del silencio, es lo que hará que nuestro hogar o lugar de trabajo sean armoniosos, comedidos, expresivos, modulados, tiernos, entrañables. Una verdadera dimensión de comunicación y no de rechazo. Una caricia en vez de un golpe.

Os invitamos a daros un baño de sonidos naturales para acompañar este artículo.

Montserrat ESPAÑOL
Soprano
Barcelona (España)
Agosto de 2017

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