El dolor estúpido

El dolor estúpido

La palabra “dolor” tiene dos acepciones principales: dolor físico como sensación molesta y aflictiva de una parte del cuerpo por causa interior o exterior, y dolor del ánimo como sentimiento de pena y congoja. El dolor físico es un mecanismo biológico que nos alerta cuando algo no funciona. El dolor moral o del ánimo también señala que algo no va bien en nuestra vida, por lo cual hay que prestar atención para modificarlo en lo posible.

Es normal que la vida de toda persona incluya tanto fases gratas y felices, como también momentos de dolor y sufrimiento. Pero existen formas de dolor que Alfredo Rubio de Castarlenas llamó “estúpido” porque no tienen sentido; porque son inútiles, estériles, e incluso se provocan mutuamente personas que pueden considerarse “normales” o “buenas” y que incluso se quieren.

El dolor estúpido puede ser reducido o evitado si cada persona toma conciencia de qué está haciendo con/hacia los demás y cambia esos comportamientos que provocan dolor a otros. Y la persona que lo sufre debe aprende a alejarse o a situarse de otro modo para evitar ese dolor.

  1. Cuándo el dolor se vuelve estúpido

No estamos entendiendo como estúpido el dolor que resulta de cataclismos naturales y en gran medida inevitables, ni el que es consecuencia de la condición humana limitada: la posibilidad de enfermar, la certeza de morir.

El dolor se vuelve estúpido cuando está causado por motivos superficiales, episódicos, opcionales, banales, que pueden cambiar como fruto de una decisión asumible.

Se trata de dolores evitables. Bastaría con que nos tomáramos más en serio la vida y nuestra propia conducta.

El ser humano es el único en la naturaleza que puede mirar su propia conducta “desde fuera” de sí mismo y revisarla, analizarla, de algún modo cambiarla por una decisión propia. Pero ese revisar nuestras acciones y modificarlas, es una decisión libre: hacerlo o no. Cuando esa decisión no se toma, se solapa bajo la frivolidad de no querer ver lo que estamos haciendo, provocamos fácilmente el dolor estúpido.

Hay que superar el dolor estúpido
Es necesario salir de ese circuito destructivo

Ésta es una situación cercana a lo que Hanna Arendt llamó “la banalidad del mal” (1963): la posibilidad de que personas “normales” contribuyan a provocar daño o dolor a otros, simplemente porque prefieren no darse cuenta de que lo están haciendo. Pero Arendt lo aplicaba a personas con cierta dosis de poder sobre otros. El dolor estúpido podemos provocarlo cualquiera de nosotros.

  1. .Qué actitudes y acciones provocan dolor estúpido

La primera actitud es la frivolidad de quien no se toma la molestia de percatarse de lo que está haciendo. Consiste en no dedicar tiempo a mirar seriamente qué consecuencias están teniendo mis acciones. Si yo actúo diariamente como un huracán, con prisa, sin pensar, decidiendo por intuiciones pasajeras o improvisando, arrastrada por las circunstancias y siempre bajo el aturdimiento de los miles de estímulos que me bombardean, no me daré cuenta de las consecuencias de mis actos, no percibiré el sufrimiento inútil que estoy provocando en las personas cercanas, incluso sin querer.

La segunda proviene de los sentimientos tóxicos como el egoísmo, el resentimiento, la envidia, la ira, los celos, el desprecio de los otros. Todos podemos tener o experimentar momentáneamente esos sentimientos. Hasta ahí, es normal, propio del ser humano. Pero es necesario sanar, salir de ese circuito destructivo. Si nos regodeamos e instalamos en ellos, peor aún si los alimentamos, se convierten en actitudes, en acciones, en posturas vitales duraderas que resulta cada vez más difícil cambiar. Y ciertamente son fuente de conflicto, roce, heridas a otros y a nosotros mismos.

La tercera es la del dolor que nos autoinfligimos a causa de unas claves de lectura falsas de lo que sucede alrededor. Albert Ellis (1977a) señaló varias de esas creencias de fondo que tenemos asumidas tantas veces sin cuestionarlas, y que son fuente constante de sufrimiento inútil quienes las tienen, porque no se cumplen. Por ejemplo: “Yo debería de ser amada y bien tratada por todas las personas que me rodean”. O bien “Es un drama que las cosas no sean como yo creo que deberían de ser”.

  1. Cómo evitar en lo posible provocarlo y padecerlo

Si somos nosotros quienes estamos sufriendo, detectar quién o qué y por qué nos provoca dolor estúpido. En otras palabras, ver si estamos colocados de manera que padecemos inútilmente o tenemos relaciones marcadas por sentimientos tóxicos.

Quizá entonces podremos encontrar el valor para afrontar la situación, repensar las relaciones con la persona o las personas que nos lo provocan y dar los primeros pasos para cambiar la forma de la relación o romperla definitivamente. A veces nos es más fácil permanecer en el espacio y las dinámicas de siempre, aunque estén envenenadas y nos hagan sufrir, que afrontar el terreno desconocido de sanear una relación o de afrontar una vida que se antoja vacía sin la(s) persona(s) que nos hieren.

Leticia SOBERÓN
Psicóloga, Innovation Center for Collaborative Intelligence
Madrid
Febrero 2018

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