Todos a una

Todos a una

Fotografía: Josep Alegre

Todos estamos convocados y formamos parte del grupo. El campeonato continúa y el próximo partido es el nuevo reto por superar. No sirve de nada tirar balones fuera porque el terreno de juego está bien delimitado y las reglas de la competición son conocidas. El ritual se repite, como equipo local o visitante, desde el vestuario. Finalmente, el equipo titular, cada uno en su puesto, afrontará en nombre de todos, el partido. El resto, con el entrenador al frente y los reservas, animaran y ayudaran desde el banquillo. ¡Somos un equipo!

Los adultos en educación forman parte del mismo equipo titular. Con visiones y funciones diferenciadas pero con el objetivo compartido de ayudar íntegramente a personas en proceso de crecimiento. La primera responsabilidad y compromiso corresponde, sin duda, a los padres pero todo un “equipo” participa en el terreno de juego aportando desde su rol particular. Padres y educadores son colaboradores y aliados necesarios e imprescindibles en la tarea de educar para ayudar a integrar dos realidades paralelas, la casa y la escuela, en un solo sujeto. La escuela del siglo XXI ha de educar con las familias.

No siempre es fácil este encuentro si previamente no se ha iniciado el camino de reconocer y confiar en el otro para aprender juntos. Las diferencias en las personas son innatas, pero también la capacidad de aceptar y respetar el ser múltiple que nos acompaña. Las experiencias de alteridad y asertividad son puerta de entrada en el mundo educativo y se ponen en juego continuamente ante la diversidad que encontramos en el aula y en la sociedad. Porque, además de la escuela y la familia, el alumno encuentra otros espacios de socialización en los que participa. La escuela ha de tener presentes estos “estadios” que influyen de manera informal. Porque todo y todos enseñan de forma interactiva, transversal y transformadora, para bien o para mal.

La familia y la escuela han apostado por la innovación pero ésta no será posible sin un punto de encuentro, una buena comunicación y respeto entre ambos y un trabajo en positivo. Con sus roles diferentes y diferenciados han de implicarse en la reforma y creación de esta nueva escuela. Cada uno en su nivel pero desde la transparencia y la claridad, construyendo este proyecto compartido y participativo que se basa en la confianza mutua y en el convencimiento del buen hacer de la escuela. Padres y maestros son corresponsables desde sus ámbitos propios. El bien de los hijos y alumnos se lo demanda. El rol activo que los padres deben jugar en los colegios de sus hijos empieza en casa y continúa con la colaboración familia-escuela.

Desde esta situación hemos de acompañar en los procesos de aprendizaje de manera adecuada. Ha de ser un acompañamiento respetuoso, como punto de partida, pero también empático. El maestro es un observador directo que a veces se convierte en aprendiz. Aprende al enseñar, se arriesga y está dispuesto a cometer errores al afrontar nuevas experiencias que encaminen al proyecto educativo transformador. Desde las propiedades innatas e irrepetibles de cada alumno, desde la diversidad y originalidad de cada sujeto, fomenta la creatividad, la experimentación, la afirmación y la construcción de cada persona para hacerla original, única y no sustituible. Maestros, alumnos y padres no son seres contrarios sino vinculados por el mundo de la educación.

En este camino juega un papel central el docente. La familia ha de educar a sus hijos y los maestros enseñar a todos los alumnos. A veces, gracias a los maestros, los alumnos reciben la educación que no recibieron en casa. Enseñar sin educar no es posible. Padres y maestros lo son cuando educan. El trabajo de profesor es complejo y difícil. No son perfectos, ni sabios, ni jueces, ni magos, ni infalibles… pero ayudan y colaboran en el desarrollo de las competencias de sus alumnos. La familia ha de valorar sus virtudes por encima de sus imperfecciones, colaborar y facilitar al máximo su tarea, lo que ayudará a que también los hijos lo hagan. La preparación del maestro y su experiencia le sitúan en las mejores condiciones para la educación. El trabajo bajo la presión de las familias puede ser beneficioso pero también problemático si no favorece a toda la comunidad educativa.

En el proceso de socialización de los alumnos, el educador no es el único responsable. Cada persona aporta desde su rol particular. Es necesario un trabajo solidario con todos los actores e instituciones sociales creando puentes entre la vida escolar y la comunidad. Acercándose y dialogando con el mundo concreto que los alumnos traen a las aulas para así rescatar y valorar los aprendizajes autorreferenciales. La educación se construye desde este poso ambiental que condiciona, pero el ser humano está programado también para aprender, crear y crecer desde cualquier situación. El dialogo, la conexión, la convivencia y la resignificación, permitirán construir un proyecto significativo, enraizado y realista para todos los alumnos desde su identidad particular.

Precisamente la educación es una de las formas de intervención en la sociedad por medio de los alumnos, con capacidad liberadora y de transformación de las inercias culturales y especialmente si éstas son contraproducentes. El reto de le educación está en encontrar espacios y movilizar procesos  de aprendizaje, entre distintos profesionales, en los que cada individuo se sienta comprendido y aceptado en la singularidad que le caracteriza. La intervención de los distintos educadores conlleva la valoración específica de cada uno de ellos en particular y el mutuo reconocimiento. El compromiso y responsabilidad compartidos de manera afectiva y efectiva pueden proyectarse de forma significativa en las aulas y en la vida personal de los alumnos.

Redescubrir nuevas maneras de abordar la realidad y trabajar solidariamente todos los agentes educativos, aleja también de la soledad del educador y crea mayores perspectivas y oportunidades. La escuela al abrir sus puertas a la participación y el trabajo en red, puede desarrollar diferentes estrategias de intervención y de inclusión y mejorar la calidad educativa. Desde el respeto, la cooperación y la confianza entre cada uno de los participantes, ha de concretarse la visón y misión común, la construcción desde la diversidad y el desarrollo de las diferencias. Porque la escuela es de todos y en ella todos tenemos responsabilidad en el grado que nos corresponde. En la educación son necesarias todas las manos posibles para conseguir el objetivo.

Especialmente importante es la relación entre los padres y educadores y la manera de implicarse. La unidad de criterio y la mesura entre ambos interlocutores es fundamental para el buen desarrollo de la educación. Los padres ven a sus hijos y los profesores a los alumnos. El sujeto físico es el mismo pero la percepción que se tiene sobre él no siempre es igual. Las dos son imágenes reales pero parciales e incompletas y los dos necesitan completarse y complementarse. Si se comparten las visones mejoraremos la nuestra, el conocimiento de los sujetos y la propia intervención y educación. Padres y educadores, en la función que les corresponde pero mejor aliados y cómplices, mirando en la misma dirección y desarrollando adecuadamente su rol para facilitando el adecuado desarrollo de los destinatarios.

Porque la escuela es un espacio de esperanza y debe de ser territorio de experiencia realista en el que todos los niños y adolescentes son o deberían ser potencialmente educables y encontrar su modo de habitar el mundo jugando el partido de cada jornada. Desde el entorno educativo es necesario conectar con lo que viven en su mundo y que a veces solo se insinúa en leves contornos. Solo desde la conexión educativa, provocada normalmente por la intervención cuidada del adulto, se afrontará con garantías el partido de nuestro equipo. Si vamos todos a una el éxito vital de nuestros jugadores, que contemplaremos desde la banda orientando, aportando seguridad, ofreciendo referencias y tácticas…, será también nuestra recompensa.

Josep ALEGRE
Profesor, filólogo y educador socio-cultural
Barcelona
Mayo de 2018

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