Conocer el cuerpo, envejecer mejor

Conocer el cuerpo, envejecer mejor

Si en todas las edades es muy importante conocer nuestro cuerpo para poder cuidarlo y mejorar nuestra calidad de vida, durante los años de la vejez lo es aún más.

Las personas mayores en particular, deben identificar los cambios normales que se presentan en los órganos y sistemas durante el envejecimiento para adoptar estilos de vida que permitan mantener o compensar las funciones que van reduciendo su ritmo. De ese modo podremos evitar tratamientos innecesarios, y reducir sus repercusiones en las funcionalidades física, psicológica y social. Vale la pena destacar algunos de los cambios que aparecen en nuestro organismo con el paso del tiempo y el modo en que estos cambios altera algunas funciones, afectando globalmente en todo el organismo.

Conocerse nos ayuda a envejecer mejor
Durante la ancianidad es más necesario conocer nuestro cuerpo

Por ejemplo, durante el envejecimiento la regulación de la temperatura corporal y la percepción del dolor de vísceras (estómago, hígado, intestino, apéndice) se alteran. Asimismo se presenta un aumento de la grasa corporal de hasta el 30%.

Con la edad se produce una disminución de la masa muscular y ósea, vinculada con la pérdida de hasta un 30% del número de células y de hasta un 50% del agua. Es importante destacar que el agua es un componente fundamental del organismo, y cuando su volumen o calidad sufren modificaciones, el funcionamiento del cuerpo se ve afectado. Por ello es muy necesario beber líquidos, sobre todo en los lugares donde se alcanzan temperaturas muy elevadas y el riesgo de deshidratación aumenta, alterando algunas funciones de el organismo.

Para nuestro sistema nervioso el agua es importante. El cerebro tiene alrededor 100.000 (cien mil) millones de células llamadas neuronas. Cada una está conectada con cientos o miles de ellas, con lo cual mantiene de manera armónica el funcionamiento vital del cuerpo, dando lugar a las funciones superiores que distinguen a los humanos de otros animales, como lenguaje, memoria, atención, percepción, razonamiento, conciencia, reconocimiento de objetos, sujetos y espacios. Es muy importante hidratar el cerebro para mantener su actividad el mayor tiempo posible. No hay que preocuparse con los progresivos cambios en la memoria -que no necesariamente afectan la vida cotidiana-; lo que sí debemos saber es que se modifican las estrategias para el aprendizaje.

Los cambios en los órganos de los sentidos tienen una especial importancia en los adultos mayores. En la vista, por ejemplo, con el envejecimiento se reduce poco a poco la grasa que rodea al ojo, así como el tamaño y funcionamiento de las glándulas lagrimales; además el conducto lagrimal se estrecha y se reseca el tejido que rodea al ojo. La elasticidad del cristalino es menor, y hay alteraciones en los músculos de la acomodación. La disminución de la vista afecta de manera determinante la calidad de vida porque dificulta o incapacita para llevar a cabo actividades cotidianas básicas. Esto suele influir en el estado de ánimo de las personas y repercute en las relaciones familiares y laborales; además afecta drásticamente la independencia personal.

Los oídos le permiten a la persona percibir la intensidad y características de los sonidos y mantener el equilibrio. En al menos 10% de los adultos mayores, el oído interno muestra alteraciones que van dificultando progresivamente percibir los tonos agudos (esto se acompaña normalmente de zumbidos). Los ruidos fuertes tampoco se perciben apropiadamente y resulta complicado diferenciar sonidos en un ambiente ruidoso. A esto se le llama presbiacusia y normalmente inicia a partir de los 50 años.

El olfato y el gusto son dos funciones sensoriales estrechamente relacionadas, que nos permiten percibir las características e intensidad de los olores y sabores. Al envejecer, disminuye el número y tamaño de las papilas gustativas y las células olfatorias, por lo cual es más difícil distinguir los aromas y el sabor de los alimentos; esto reduce el gusto por las comidas. También es menor la elasticidad de los músculos y cartílagos de la laringe. Por estas razones, los sentidos del gusto y del olfato se debilitan, provocando dificultades para tragar, complicando el acto reflejo de toser y generando un cambio en el tono de la voz.

Estos cambios, si bien suelen ser paulatinos y los consideramos normales, en ocasiones sólo los apreciamos cuando ya se ha presentado alguna patología. Por ello son necesarias revisiones médicas periódicas que nos ayuden de manera integral a afrontar los cambios y  prevenir la aparición de enfermedades.

Estas modificaciones son parte natural de nuestra condición de seres humanos, que vivimos en el tiempo. Es muy positivo asumir esta realidad sin complejos y con sencillez. Conocer nuestro cuerpo nos ayuda a reconocer y aceptar los cambios, y aprender el mejor modo de gestionarlos para mantener una vida saludable y plena, también en esa fase de la vida.

 

Dra. María Bertha COVARRUBIAS MANRIQUE
Gerontóloga
Hermosillo (Sonora) México
Octubre 2018

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