Big data y análisis de conflictos

Big data y análisis de conflictos

Nuestra obligación como ciudadanos de un mundo cada vez más comunicado es decidir si queremos ser chispa incendiaria o estamos abiertos a construir un mundo más sostenible y más pacífico.

En el resumen de temas que hace el MIT Technology Review, el pasado 12 de febrero se incluyó una interesante artículo denominado “El big data alerta de que la paz actual es más frágil de lo que creemos” (ver en: https://www.technologyreview.es/s/10873/el-big-data-alerta-de-que-la-paz-actual-es-mas-fragil-de-lo-que-creemos).

Dicho artículo inicia con una interesante reflexión que se han hecho y se siguen haciendo historiadores y estudiosos sobre análisis de conflictos bélicos, sobre si el análisis de lo que ha ocurrido en el pasado podría servirnos para evitar errores o patrones de comportamiento que no deberíamos volver a cometer en el futuro.

Sin embargo, en los últimos años han surgido nuevas investigaciones que estudian los conflictos como resultado de lo que denominan el efecto red, el cual está directamente relacionado con la estructura de la sociedad y la calidad de las interrelaciones que existen entre sus individuos o con otros países.

Como dice el artículo, “la sociedad es una compleja red de fuerzas sociales, políticas y económicas que dependen de la red de vínculos entre los individuos y los países que la componen. Estos vínculos se están reorganizando constantemente y cuando el nivel de reorganización y violencia que lleva asociada esa reorganización se elevan por encima de un umbral determinado, el patrón resultante puede llegar a ser un conflicto bélico”.

Esta valoración sobre la manera de analizar los conflictos tiene consecuencias importantes, ya que los acontecimientos que ocurren en una red siguen una ley matemática que se denomina distribución de la ley potencial. Por ejemplo, ¿por qué una minoría de los incendios forestales son devastadores y en cambio una gran cantidad de incendios acaban rápidamente siendo controlados? Esto es porque la dimensión de estos incendios tiene poco que ver con la chispa que los inicia, sino que depende de la red de conexiones físicas que existe entre los árboles, es decir, de la estructura y la forma en que está configurado un bosque respecto de otro, y además esta configuración varía con el tiempo.

A menudo cuando analizamos un conflicto nos centramos en analizar aquellos aspectos específicos que lo han desencadenado. Sin embargo, al igual que en el caso de los incendios forestales, la chispa que ha hecho estallar el conflicto, no es la que va a determinar la amplitud o el volumen de este.

Estamos acostumbrados a pensar bajo un esquema de causa efecto. Sin embargo, la simplicidad de nuestro cerebro no es capaz de analizar con rapidez y eficiencia el volumen de interrelaciones que se pueden estar dando en una red de relaciones. No somos capaces de valorar todas las influencias positivas y negativas que existen en el tablero de juego. Difícilmente somos capaces de discriminar qué noticias son falsas y cuáles verdaderas.

Esta nueva visión nos ha de hacer pensar en cuantas veces hemos sido chispa de un conflicto, sin llegar a pensar si los efectos podrían ser devastadores para la vida de un grupo, una comunidad, un vecindario, un pueblo o una ciudad.

Es por ello que, cuando analizamos un conflicto o nos encontramos inmersos en un proceso de enfrentamiento, debemos abrir nuestra mente y hacer un esfuerzo para atraer la lucidez, buscando ayuda externa y objetiva, valorando alternativas disruptivas o no convencionales, generando nuevos vínculos basados en lo que nos es común y vital, en definitiva, haciendo uso de una competencia relacional tan básica y a veces olvidada como es la empatía.

Cada vez más, estamos conectados y nos interrelacionamos a través de estructuras de red. Estas pueden ser más densas o coexistir de forma menos interconectada. En cualquier caso, nuestra obligación como ciudadanos de un mundo cada vez más comunicado es decidir si queremos ser chispa incendiaria o estamos abiertos a construir un mundo más sostenible y más pacífico.

David MARTÍNEZ
Economista
España
Marzo de 2019

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