Hipercomunicados pero solos

Hipercomunicados pero solos

Recibir una carta, hoy, parece ser, nunca mejor dicho, del siglo pasado. Nos causa sorpresa y extrañeza. Más bien, solemos recibir facturas de luz, gas y agua. Recibir una misiva parece algo tan lejano que casi se duda de su existencia. ¡Qué ilusión recibir una carta! Era un lazo de comunicación que se establecía tanto al escribirla como al recibirla. Se relataban acontecimientos, se expresaban emociones, sentimientos… Se hacía participar al otro de tu propia realidad, esperando reencontrarse para compartirla directamente o, simplemente, para ponerse al día. En la carta por correo, se iba explicando, por ejemplo, el viaje de vacaciones con todo tipo de detalles y las fotos podían acompañar el relato en persona. Estando solos, al escribir, se puede conectar con los otros, creándose un puente por el que transitan informaciones y emociones.

La tecnología y las redes sociales permiten compartir en directo lo que hacemos, lo que vemos… Y se puede hacer partícipes de un viaje al instante a amigos, o a seguidores, enviando las imágenes de paisajes, monumentos, comidas… Se conocen muchas cosas de la vida de uno o de otro; pero muchas veces sería, haciendo un símil a los medios de comunicación, que se tiene mucha información, veraz o no, pero poca opinión o artículos de fondo.

Al utilizar las redes se echa mano de multitud de emoticones para expresar emociones y sentimientos. Además, permiten “hablar” con varias personas a la vez en grupos creados o bien individualmente, posibilidad que para los menos hábiles conlleva el riesgo de equivocarse de persona con la que conversas. Predomina el hecho de estar comunicados con mucha gente constantemente, incluso creándose dependencia, al de encontrarse para conversar tranquilamente con una o con varias personas.

Se puede dedicar parte del día a wasapear, a twittear, a navegar por Facebook, YouTube, Instagram… Y muy poco a relacionarse personalmente con los otros. Puede incluso que cuando se encuentren, cada uno esté con su móvil interactuando con otras personas o simplemente navegando. Es como un encuentro de islas. Cada uno en su mundo.

Pero cabe preguntarse: ¿sé realmente cómo están los otros?, ¿alguien sabe cómo estoy yo, cómo me siento, qué necesito…?, ¿alguien me escucha real y plenamente?, ¿hay alguien más o estoy solo?  Otro aspecto, también importante, sería observar y saber qué valores fluyen a través de las redes sociales, además de mucha información, ¿tienen comprensión, empatía, acogida…?

Sin un equilibrio en su uso, las redes sociales pueden convertirse en una amenaza, aislándose la persona de las relaciones concretas que le estimulan a dar lo mejor de sí mismo. El peligro de vivir inmerso en el mundo de las redes, sin aventurarse a vivir en el mundo con relaciones interpersonales. Al utilizar una red social conviene conocer todas las ventajas que ofrece y también sus riesgos.

En este sentido, son muchas las iniciativas, estudios y campañas de sensibilización social para un uso responsable de las redes sociales; la mayoría van encaminadas a la formación de los más pequeños y de jóvenes con el objetivo de que aprendan a utilizar esas redes. La imagen de una de ellas, “Levanta la cabeza”, parece constatar la necesidad de concienciar, o de no olvidar, que alrededor hay un mundo real, que se puede disfrutar en vivo y en directo y con todos los sentidos. Que hablar con alguien mirándole a los ojos aporta incluso más información que las propias palabras.

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