La conversación de discernimiento

La conversación de discernimiento

En momentos difíciles, encrucijadas o situaciones de cambio en que debemos tomar decisiones personales importantes, buscamos con frecuencia a alguien (o «álguienes») que nos ayude(n) a discernir, a buscar la mejor opción a seguir. No nos basta pensar en solitario; la conversación nos ayuda a expresar lo que sentimos y pensamos, y escucharnos decir algo nos ayuda a perfilarlo mejor. Los mejores acompañantes en este discernimiento son las personas que, antes de dar su opinión, nos escuchan hasta el final, todo lo más haciendo de «espejo» para que seamos capaces de ver la situación con más nitidez.
Conversación de discernimiento
Necesitamos alguien que nos haga de espejo
  • Analizan pros y contras de los anteriores, integrando los posibles efectos en sí mismos y en quienes le rodean.
  • Comparan las propuestas según criterios de valor
  • Preven la factibilidad de escenarios futuros si se siguen esas posibles soluciones

Es labor de la persona que acompaña a otra en el discernimiento, el ayudarle a integrar los elementos más básicos de la realidad (los hechos que ya están allí) con el universo emocional del acompañado, pues ese aspecto es clave de la realización de cualquier posible cambio. Es muy fácil, cuando la persona debe tomar decisiones, que emerjan temores y hasta parálisis, o bien que confunda sus propios deseos con la realidad. El acompañante en el discernimiento debe intentar que el acompañado logre distanciarse al menos un poco de sus propios deseos, para poder mirar la situación con mayor nitidez.

Los límites del acompañamiento

La conversación de discernimiento tiene por objeto lograr que la persona decida lo mejor para ella y para los demás en lo posible, con la máxima serenidad y libertad, asumiendo que nadie tiene control total sobre las consecuencias de sus decisiones. Sabiendo que siempre podrán salir bienes, incluso de decisiones que puedan considerarse erróneas. Por lo tanto, tranquilidad y humildad en el momento de deliberar y de acompañar.

Asimismo nadie es totalmente objetivo -el acompañante tampoco-. No sería deseable ni se puede pretender «exportar» la propia visión de las cosas a la otra persona. Cada uno mira la realidad desde un ángulo y eso es propio de la condición humana. Además la responsabilidad sobre su vida, es del acompañado. Nadie puede ni debe decidir por él o ella; e intentar influirle es hacerle un flaco favor a su desarrollo futuro. El exquisito respeto de la libertad del otro es condición indispensable para que esta conversación se desarrolle de manera serena, cálida y útil para la persona que está tomando decisiones.

Dicho esto, la conversación de discernimiento es una de las más valiosas ayudas que se pueden dar y recibir. Es algo que sale natural entre las personas amigas, y cuanto más profundamente aceptemos la libertad de los demás, mejores acompañantes seremos en ese arte de ayudar a discernir.

Leticia SOBERÓN MAINERO

Psicóloga y Doctora en comunicación

Madrid, Octubre 2019

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