Querer ayudar es solo la puerta de la entrada

Querer ayudar es solo la puerta de la entrada

Imagen de Arek Socha en Pixabay

Muchas veces pensamos en cómo ayudar a los demás, cuál es el consejo más adecuado que podemos ofrecer para que se resuelva una situación o de qué forma solventar una situación de conflicto. Para ello, la disponibilidad es el primer ingrediente, pero es también importante estar preparado para dar respuesta a las múltiples necesidades que surgen durante el proceso.

Fácilmente podríamos caer en la tentación de pensar que ser inteligente es una cualidad que nos posiciona mejor ante cualquier situación. Sin embargo, ser inteligente es difícil, hay mucho que saber y en realidad no conocemos lo que no sabemos. Por no hablar de la inteligencia emocional, interpersonal, intrapersonal, etc. Como dice Charlie Munger, uno de los grandes expertos en inversión financiera, “lo más razonable es evitar tomar malas decisiones, antes que tomar decisiones brillantes”.

Ponernos al servicio de los demás para intentar dar respuesta a las necesidades, cumplir nuestros sueños y alcanzar las metas propuestas, requiere de la utilización de una gran cantidad de energía. Recuperarse de los errores cometidos, además de un espíritu resiliente, necesita también de una importante dosis de energía. Es difícil tener energía suficiente para conjugar la ambición y la derrota a la vez.

Por consiguiente, es importante reflexionar y concentrarnos en prever o descubrir cuáles son aquellas cosas que posiblemente no funcionarán. Ello no asegurará el éxito de un proyecto, pero aumentará la probabilidad de alcanzarlo. Se dice que de los errores, si se analizan, se aprende; pero también es cierto que cuanto más los evitemos, más probabilidades de éxito tendrán todas nuestras iniciativas. La energía de las personas es limitada y por tanto es necesario gestionarla adecuadamente.

Cuando pensemos en cómo afrontar un proyecto, no solo debemos pensar en las bondades de este y en los resultados positivos que puede aportar a la sociedad. Debemos trabajar como si de un examen con múltiples opciones se tratara y valorar a priori las respuestas incorrectas para eliminarlas de la ecuación. Hay muchas cosas que se pueden prever de antemano si se utiliza esta metodología y, de esta forma, evitar que ocurran. Actuar de esta manera ayuda a mejorar la inversión personal que es necesario dedicar a lanzar y mantener un proyecto.

Esta metodología de pensamiento, creada por el matemático Carl Jacobi, tiene como finalidad pensar en lo opuesto para analizar de manera satisfactoria una situación o encontrar la solución a un problema. Con este método, en lugar de pensar principalmente en todo lo que va a aportar de positivo un proyecto, se tienen en cuenta desde un principio, los obstáculos y amenazas más significativos que servirán para valorar adecuadamente los recursos y energía que va a requerir cada situación. Es decir, se piensa en aquello que puede salir mal y cómo vamos a resolverlo.

Querer ayudar no es suficiente, es solo la puerta de la entrada. Ponerte al servicio de los demás, además de una gran dosis de amor y de desprendimiento personal, implica realizar un ejercicio de realismo y valorar adecuadamente todas nuestras limitaciones y las de los que nos acompañan. Solo de esta forma podremos gestionar adecuadamente la energía y la ilusión necesarias que nos permitan llegar con suficientes fuerzas al final del camino.

David MARTÍNEZ
Economista
España
Diciembre de 2019

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