El secuestro de nuestra atención

El secuestro de nuestra atención

Imagen de Gerd Altmann en Pixabay

Os recomiendo antes de empezar a leer este artículo, ver el video de 15’ sobre una conferencia que dio Tristan Harris en “La Ciudad de la Ideas – CDI-” que se llama “La conciencia ética de Silicon Valley”.

Tristan Harris, es ingeniero de formación, especializado en tecnología persuasiva (que estudia la capacidad de influir en el comportamiento y el pensamiento de la persona). Estudió en la Universidad de Stanford y trabajó durante cuatro años en Google, primero como Product Manager y más tarde como diseñador ético y filosófico, una posición en la compañía que tiene como objetivo hacer que las plataformas de Google sean lo menos intrusivas posible en la vida del usuario de internet. Y todo ello, teniendo en cuenta que conocer tantos datos sobre el usuario como sea posible, es el recurso más preciado de Google. Podríamos decir que Harris se encontraba ante una ecuación irresoluble.

Harris dejó Google en 2016 y desde entonces trabaja para dar a conocer de qué manera las aplicaciones, las empresas tecnológicas y las redes sociales son capaces de manipularnos. Y no porque las empresas tecnológicas sean mentes maquiavélicas que quieran dominarnos, sino porque están inmersas en una carrera frenética, donde su objetivo principal es captar nuestra atención.

Tristan Harris empieza su conferencia diciendo: «Imagínese una habitación donde hay un centenar de personas que están constantemente introduciendo y gestionando información, rodeadas de computadoras que muestran gráficos y datos. Una sala de control. Desde esta sala se pueden controlar los sentimientos, pensamientos y prioridades de 2 mil millones de personas en todo el mundo. Esto no es ciencia ficción… Yo solía estar en una de esas habitaciones.”

Probablemente nos preguntaremos, por qué esta obsesión por captar nuestra atención. Si somos realistas afirmaríamos que Facebook, Twitter, Instagram y Google han desarrollado productos increíbles que están transformando nuestro mundo. Pero también es cierto, que existe una gran rivalidad entre estas empresas que las obliga a competir para secuestrar nuestra atención durante el máximo tiempo posible, utilizando para ello técnicas persuasivas que tienen como finalidad mantenernos aferrados a nuestros dispositivos durante el máximo tiempo posible.

Cada segundo de atención que consiguen de nosotros, que se traduce en la capacidad para mantenernos atados a su plataforma, les permite conocernos mejor y por consiguiente ser más precisos en la publicidad que nos ofrecen. Inicialmente, podríamos pensar que no es negativo a priori, ya que nos están mostrando aquello que nos gusta o nos interesa y sin necesidad de tener que buscarlo.

Sin embargo, si lo pensamos bien, existe una trampa en este planteamiento, nuestra atención es finita y nuestro tiempo es limitado. Por consiguiente, si focalizamos nuestra atención sólo en aquello que nos muestran, perderemos la oportunidad de valorar otras alternativas, reducimos nuestro campo de visión, o incluso podemos acabar atrofiando nuestro sentido crítico.

Cada día las técnicas que se utilizan para captar nuestra atención son más sibilinas y sofisticadas. Como dice Harris, “cuando conectamos el teléfono para ver si hay alguna notificación, es como si estuviéramos lanzando una moneda en una máquina tragaperras”. De hecho, lo que estamos haciendo es buscar una recompensa, que en nuestro caso sería encontrar un nuevo comentario, una interacción, una fotografía. Estamos esperando algo que va a encajar con lo que esperamos, y esto genera satisfacción. En esto se basan para secuestrar nuestra atención.

Cuando recibimos una notificación en Facebook, es un indicador de que ha ocurrido algo nuevo y automáticamente pulsamos el botón de Facebook. Este botón podríamos llamarle «voy a pasar aquí los próximos 10 minutos”. Y esto es así porque, aunque inicialmente pensemos que sólo vamos a mirar la foto que viene unida a la notificación, seguramente encontraremos muchas más notificaciones a continuación que buscan atraer nuestro interés.

Existen diferentes plataformas con sus distintas maneras de captar la atención de cada individuo en función de sus intereses personales. Instagram es una plataforma que glorifica la imagen perfecta tanto de las personas como de su estilo de vida. También existe lo que Harris denomina la cámara de eco en la que se ha convertido Facebook para transmitir opiniones en muchos casos sesgadas o llenas de desinformación. O los mecanismos que utiliza YouTube para mantenernos enganchados a la pantalla, como reproducir el siguiente video automáticamente, utilizando un algoritmo que analiza aquello que te gustaría ver.

Todos son mecanismos que buscan mantenernos “secuestrados», ocupando gran parte de nuestro tiempo y por consiguiente, reducen sustancialmente nuestra capacidad de concentración. Y lo peor de todo es que esos mecanismos de secuestro están diseñados para hacernos pensar que somos nosotros mismos quienes hemos tomado la decisión. Un claro ejemplo lo tenemos cuando acabamos de ver un video y olvidamos que el siguiente vídeo se ha cargado automáticamente, y nos alegra verlo porque, casualmente, nos encanta su contenido. Pero la realidad es que en ese momento estamos siendo secuestrados. Todos aquellos profesionales que han estado trabajando en la mejora de los algoritmos y que hacen posible que el siguiente contenido sea perfecto para nuestros intereses, no saben que es muy tarde y que necesitamos ir a dormir.

En la misma línea y profundizando un poco más, no es menos importante destacar la capacidad que han desarrollado estas grandes corporaciones para manipular los pensamientos y comportamientos de los individuos, que en última instancia se acaban derivando en un cambio de las tendencias sociales. Y no tanto porque esta sea su misión, sino como resultado de los intereses de las empresas que pagan por incorporar su publicidad a las redes. Esta manipulación indirecta tiene efectos sobre las políticas sociales, económicas, ambientales, sobre el consumo, la religión, la xenofobia, etc…

No podemos estar en contra de la tecnología. Incluso es positivo que lo pasemos bien en las redes sociales al reencontrar una vieja amistad, recordar buenos momentos, encontrar un texto interesante que nos haga reflexionar. Pero hemos de ser conscientes que la función principal de las plataformas es retenernos, y en esta dura batalla, la moneda de cambio es el valor que le asignemos de nuestro tiempo.

El tiempo es un valor muy preciado y debemos saber administrarlo. El hecho de que podamos perder el control sobre como disponer libremente de nuestra atención, reduce nuestro tiempo de descanso, de ocio, de relaciones…, aspectos absolutamente necesarios para construir una vida armónica y en equilibrio.

Y, por último, cuando nuestra atención queda secuestrada, el peligro a ser manipulados es muy elevado y la única herramienta para salir de ella es buscar espacios para la reflexión individual y grupal que permitan desarrollar nuestro sentido crítico. Vivir arrastrado por lo que marcan las tendencias es más cómodo, pero a la larga, sentirse arrastrado es un sentimiento que empequeñece al individuo y lo hace más vulnerable.

David MARTÍNEZ
Economista
Barcelona (España)
Marzo de 2020

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1 Comment

  1. Martín Enrique Mendívil

    Excelente artículo. Reflexión más que atinada para los tiempos que corren. Vaya un abrazo para David Martínez desde Querétaro, México…

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