Solidaridad universal

Solidaridad universal

«El mundo es algo más que un problema a resolver, es un misterio gozoso que contemplamos» nos dice Francisco al inicio de Laudato si’.

«… la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral, pues sabemos que las cosas pueden cambiar.»

A raíz de una situación que viví hace algunas semanas y junto con la relectura de la encíclica «Laudato Si'» me di cuenta de lo esencial que resulta un cambio de mirada respecto a la Creación, con todo lo que ello comporta.

Reconocer que todo lo que podemos disfrutar es don, regalo, sabernos cuidadores de todo lo que nos rodea o, como bien nos dice el mismo Francisco, custodios de la casa común, con la verdadera intención de cuidarla y dejarla mejor de lo que la recibimos y compartirla con nuestros contemporáneos, con nuestro prójimo.

En algunas ocasiones hemos interpretado que el lugar donde vivimos es nuestro, sí, ya sea porque lo pagamos en alquiler o porque lo compramos en su momento, y de manera extensiva ejercemos un extraño poder de propiedad privada sobre la que expandimos nuestro poder con todo aquello que se nos ofrece olvidando que todo es don y que no nos pertenece, sino que lo tenemos en depósito.

«Un mundo frágil, con un ser humano a quien Dios le confía su cuidado, interpela nuestra inteligencia para reconocer cómo deberíamos orientar, cultivar y limitar nuestro poder». (Laudato si’ 78), porque si el Creador supo limitar su capacidad para que nosotros pudiéramos completar su obra como co-creadores, en cambio, nosotros hemos creído que no teníamos límites, obviando que todos formamos parte de un todo.

«El desafío urgente de proteger nuestra casa común incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral, pues sabemos que las cosas pueden cambiar» (LS, 13); sin embargo, «Necesitamos una solidaridad universal nueva… Todos podemos colaborar como instrumentos de Dios para el cuidado de la Creación cada uno desde su cultura, experiencia, sus iniciativas y sus capacidades» (LS, 14). «Conformamos una especie de familia universal, una sublime comunión que nos mueve a un respeto sagrado, cariñoso y humilde» (LS 89).

Hoy, más que en otros momentos, tenemos conciencia de que todo está conectado y por ello, debemos responder con firmeza al clamor de la Creación más allá de «una preocupación por el ambiente unida al amor sincero hacia los seres humanos y a un constante compromiso ante los problemas de la sociedad» (LS 90), desde un corazón auténticamente abierto a no excluir a nadie de la fraternidad que nos posibilitará el cuidado

«Siempre es posible volver a desarrollar la capacidad de salir de sí hacia el otro» (LS 208), y es esa capacidad de trascendernos, el inicio de considerarnos hermanos todos y la posibilidad de vivir una nueva solidaridad universal.

Esther BORREGO LINARES
Trabajadora Social
Barcelona
Octubre de 2020

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