Hermanos en el ADN mitocondrial

Hermanos en el ADN mitocondrial

Las fiestas en este final del año 2020 serán muy distintas de los otros años. Estaremos más distantes de nuestras familias, o por lo menos los festejos se realizarán en grupos más reducidos. Y sin embargo tenemos una mayor conciencia de que todos vamos en el mismo barco. Los acontecimientos de este año nos muestra -más aún quizá que en otros momentos históricos- que todo está conectado. Lo que sucede en un lugar del planeta nos afecta a todos. Los vaivenes de la ciencia en un sitio repercuten en el resto de la comunidad científica. Estamos enlazados de un modo inextricable.

En este espacio hemos dicho muchas veces que somos hermanos en la existencia, pues la misma ola histórica dio lugar a que todos los contemporáneos compartamos este lapso de tiempo que llamamos vida. Todos, fruto de acontecimientos más o menos felices o dolorosos. Todos con el privilegio de estar existiendo sin haber hecho nada para lograrlo, y con millones de posibilidades en contra.

Pues bien: cada vez tenemos más datos que lo confirman. Para comprobarlo, basta escupir en un contenedor y enviarlo a la empresa de análisis genético. Pagando una cantidad cada vez más reducida, a vuelta de correo electrónico nos llegará el análisis de nuestro ADN con interesante información sobre el origen geográfico de nuestros ancestros y datos sobre nuestra predisposición a algunas enfermedades, como cáncer o Alzheimer, y nuestra reactividad a algunos medicamentos o sustancias, como la lactosa. Si así lo deseamos, podemos compartir en red esa información, y descubrir a parientes más o menos cercanos, e hijos que ya no será posible negar.

El genoma nos hermana

Estos análisis detectan, entre otros aspectos, el “ADN mitocondrial”, que se transmite por línea materna y mantiene la información originaria de la primera mujer humana, con levísimas variaciones que se fueron dando con el tiempo, asociadas a las primeras emigraciones. Así, es posible rastrear esas variaciones en las distintas poblaciones de hoy, como huellas que dejaron nuestros ancestros conforme se extendían por el planeta. Empezaron desde África, donde los científicos coinciden en situar a la primera mujer (homo sapiens-sapiens) que dio lugar a la población actual del mundo, por lo cual es llamada “Eva mitocondrial”. Se calcula que vivió hace más o menos 150,000 años en la zona de Kenia. A partir de ahí hubo diferentes desplazamientos hacia el norte, y el ADN de los pobladores fue sufriendo sutiles mutaciones naturales, clasificadas por “haplogrupos”, lo cual permite a los científicos detectar dónde se asentaron y quiénes son sus descendientes.

Por ejemplo: hace 60,000 años, los primeros que se desplazaron al norte de África formaron los haplogrupos M y N. 30,000 años después, durante la Edad de Hielo, sus descendientes se fueron a Asia (haplogrupos A, B, C, D, E, F, G, M e Y),Papúa Nueva Guinea (P y Q); Australia (otros grupos M y N), y Europa (H, I, J, K, T U, V, W y X), y hace 25,000 años inició el desplazamiento que luego pobló las Américas por descendientes de asiáticos (A, B, C, D y X). Todas las personas del mundo pertenecen a alguno de estos haplogrupos o líneas de ascendencia materna.

ADN
El ADN nos hermana

Más hermanados de lo que pensábamos

Obviamente esta línea de conocimiento no ha hecho más que empezar. Pero sin entrar en la posible validez de lo que estos análisis dicen descubrir sobre nosotros como individuos, en materia de salud por ejemplo, resulta fascinante prever lo que esto supone. Nos da una perspectiva histórica mucho más amplia, aplacando nuestro egocentrismo; reduce un tanto la orgullosa pretensión de algunas estirpes y purezas de sangre, poniendo de manifiesto los flujos migratorios; y queda clarísima la profunda hermandad entre los seres humanos, todos con un ancestro común.

Este descubrimiento se da en la era digital, y por tanto en una curiosa combinación de ciencia y redes sociales, que suscita, como no podía ser menos, numerosas controversias. Muchas películas de ciencia ficción han tocado el tema de la clasificación humana por los genes, anticipando que esta información pueda ser usada para el control de las personas. Ahora es ya posible, y lo será cada vez más. ¿Para el bien de la sociedad o para su control?

En este tiempo de fiestas navideñas que medio mundo celebrará de un modo más distante, recordemos que estamos hermanados con todos los seres humanos, muchos de los cuales necesitan de nosotros, quizá más que nunca.

Leticia SOBERÓN MAINERO
Psicóloga y doctora en comunicación
Madrid, diciembre 2020

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