De nuestra manera de relacionarnos

De nuestra manera de relacionarnos

Foto: Javier Bustamante

De nuestra manera de relacionarnos…. La democracia es el precio

Me pregunto si cuando decimos que vivimos en libertad y democracia, estamos reflejando una realidad o una ilusión, ya que en muchas ocasiones tengo la sensación de estar sometido a la dictadura de poderes ocultos, movidos por intereses sobre todo económicos y desde luego no elegidos por nadie, pero que condicionan sobre todo las decisiones, las resoluciones y las disposiciones de nuestros políticos de manera que al final sus acciones son dirigidas más hacia provechos particulares que a las necesidades reales de las personas.

Somos seres de relación y estamos en un mundo donde esas relaciones son intencionadamente conducidas con una fe casi religiosa hacia un dios transformado en regulador y catalizador de todas ellas; un dios que en algunos momentos se le ha llamado mercado, en otros bienestar y en algunos otros también seguridad o libertad, es este un dios mezquino generador de vidas vacías que se mueve por sus propios intereses y muy exigente en servidumbres algunas, como el consumismo, la indiferencia, el individualismo, la banalidad o la superficialidad.

Ha sido una idolatría que se ha ido incrustando en nuestra cotidianidad de tal manera que sutilmente ha sido capaz de conducir y contaminar nuestras relaciones personales y sociales.

La relación entre civilización y ecología ha derivado en convertirnos en una civilización depredadora con nuestro planeta con el alto riesgo de estar poniendo fecha de caducidad a nuestra existencia como especie.

La relación entre la aplicación tecnológica y el factor humano ha derivado ya en gran medida, que los procesos tecnológicos han prescindido del factor humano, pasando a ser procesos totalmente automatizados. De igual manera se ha propiciado que el mundo de las finanzas tome la primacía en detrimento de la economía de producción y como, en nuestras sociedades occidentales entre las élites económica y las clases medias se ha producido un distanciamiento mayor, siendo aquellas cada vez más élites y estas cada vez más pobres.

Entre política y poder real, se ha generado un divorcio de manera que ahora para la toma de las decisiones importantes, que deberían corresponder a los parlamentos, se ha de consultar y seguir las directrices de los que ostentan el verdadero poder.

Seguramente vivamos en un mundo menos pobre, comparado con otras épocas históricas anteriores, y eso tiene el peligro de conformarnos, pero desde luego es mucho más desigual y en un clima de crispación y desavenencia, un ejemplo de ello es ver como nuestros representantes, elegidos para gestionar lo que es de todos convierten los foros en espacios donde no hay escrúpulos en insultar, vilipendiar y hasta degradar la dignidad del otro, que ha pasado de ser un adversario con quien confrontar ideas, a ser un enemigo al que hay que destruir y aniquilar, la falsedad, la inestabilidad o la demagogia son las estrategias elegidas para conseguir el fin propuesto.

Todo este panorama ha generado una importante desafección política, las personas se han alejado de la gestión pública, se ha perdido interés por lo que sucede, como si ya no fuera con nosotros, cuando hay dos cosas que, aunque nos escondamos bajo el ala van a afectarnos lo queramos o no, la política y la economía pues tanto una como la otra con sus decisiones, afectará a nuestra forma de vivir.

No debemos inhibirnos de esa realidad y aunque seguramente a cada uno le surgirán cosas, actitudes y acciones que se pueden hacer, permitidme que avance algunas de las que a mí me parecen:

– Ser sembrador de esperanzas, vivir para y desde la esperanza y no como una espera silenciosa y estática sino como una virtud que incorporada a mi vida me permite avanzar hacia el horizonte de un futuro mejor. Una esperanza que se fundamenta en la realidad, sin la convicción irrisoria de que todo va a salir bien, sino basada en la certeza de que como la transformación es posible, vale la pena intentarlo.

– El cuidado debido, honesto, real, continuo y respetuoso a las personas y a la naturaleza; ahora en este tiempo de pandemia donde ha habido verdaderos brotes de solidaridad y de compasión resulta que la preocupación mayoritaria no es avanzar por esos itinerarios tan humanos sino regresar a la normalidad anterior, quizás tendríamos que repensar si hay recorrido después de regresar a esa anterior normalidad o bien plantearnos cual es el coste humano, ecológico y social de ese regreso a lo que antes teníamos.

– Sentirnos humildes, frágiles y vulnerables nos ayuda a pensar sobre el sistema de organización social y política que queremos darnos, frente a algunas propuestas que lo que desean es que dejemos muchas cosas en manos de un “padre protector” que nos dirá lo que tenemos que hacer “metiendo en cintura” los que se salgan del guion.

Como escribe el Papa Bergoglio en la exhortación apostólica EG,91 “Hace falta ayudar a reconocer el camino que consiste en aprender a encontrarse con los demás con la actitud adecuada, que es valorarlos y aceptarlos como compañeros de camino, sin resistencias internas”.

Ojalá seamos capaces de comprender que toda la estructura social, política, económica y en definitiva humana que pretendamos construir empieza en la simpleza de nuestra relación con el que hoy tenemos enfrente.

Domingo TORRES
Ecónomo
Barcelona, España

Octubre de 2021

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