Genómica nutricional

Genómica nutricional

¿Nos puede orientar la genética en recomendar una buena alimentación?

En los últimos años aparece con fuerza la aplicación de los conocimientos de genética para poder dar una recomendación dietética más ajustada. Y es que la dieta es un factor ambiental que afecta al estado nutricional y ello se ve reflejado en la incidencia de algunas enfermedades. Pero ¿cómo la genética nos puede ayudar en estas recomendaciones nutricionales? Pues en una doble vertiente; conociendo cómo nuestros genes procesan algunos nutrientes y vitaminas de los alimentos, y cómo los alimentos pueden influir en expresar la versión más saludable de nuestra genética.

Genes
La alimentación puede cambiar la expresión de nuestros genes                                   Foto: Miroslav Miras- Pixabay

Pero esto de la genética puede sonarnos como algo desconocido, lejano, o un tema para los científicos, pero no como una herramienta que podemos aplicar en nuestras vidas de una manera relativamente sencilla para ir incorporando en el día a día, en algo tan habitual como es en lo que comemos. Y nos podemos preguntar, ¿las cantidades de vitaminas y minerales son las mismas para todos según el momento vital de cada persona? Pues de acuerdo con nuestra genética, podemos contestar que no son las mismas.

Por ejemplo, para dos jóvenes adolescentes en pleno crecimiento para quienes las cantidades recomendadas de vitamina D se incrementan un 20%, podemos decir que, según su genética, estos requerimientos pueden ser superiores. Existe un gen, el del receptor de la vitamina D, que puede ser diferente en los dos adolescentes. En un caso, este gen puede ser plenamente funcional y no es necesario hacer otra cosa; pero en el otro caso, puede ser un gen parcialmente funcional, de modo que para que realice la misma función, este joven tendrá que incrementar los requerimientos de esta vitamina.

Y existen otros ejemplos de vitaminas, minerales y otros nutrientes que, según nuestros genes, los procesamos diferente unas persones que otras. Conociendo esta variabilidad genética, podemos dar esas recomendaciones dietéticas personalizadas, y estas serán de por vida, ya que nuestros genes no cambian.

Pero no todo acaba aquí, más bien acaba de empezar, porque también sabemos que los nutrientes y
algunos hábitos pueden ayudar a expresar la mejor versión de nuestros genes. Esto se denomina epigenética, ya que estos factores externos hacen que en nuestros genes aparezcan unas marcas que se denominan marcas epigenéticas (“epi”, por encima) que, sin ser genes, modifican el modus operandi de los mismos. Por ejemplo, el consumo de crucíferas (bróquil, coliflor) puede favorecer el buen metabolismo de los estrógenos y, recientemente, se ha publicado un estudio en ratones de cómo la cafeína aumenta la expresión de los genes que intervienen en las conexiones nerviosas para favorecer la memoria y para procesar la información con eficacia, debido precisamente a esas marcas epigenéticas.

Hoy en día cada vez es más accesible el conocimiento de nuestras variantes genéticas, que pueden explicar estas variabilidades en cómo procesamos diferente los alimentos.

Contactar con un profesional de la salud especializado en genética nos puede orientar en estos estudios y en el seguimiento del valioso conocimiento que se deriva para nuestra salud.

Susana HOSPITAL
Farmacéutica comunitaria. Doctora en Farmacia.
Barcelona. España.
Julio 2022

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