Darse cuenta, saborear y agradecer

Darse cuenta, saborear y agradecer

Cuando decimos para excusarnos de cualquier cosa que «no tenemos tiempo», estamos falseando una realidad muy profunda. En realidad, cada uno de nosotros «es» tiempo, a la vez que ocupa espacio. Pero el tiempo es la dimensión más misteriosa de nuestro ser, que transcurre de manera más o menos lenta según las vivencias personales del momento. Un instante puede durar una eternidad y varios meses pueden pasar en un santiamén. No en vano se dice que el tiempo pasa rápidamente, y es imposible aferrar el fugaz instante. La prisa no ayuda a habitar nuestro tiempo hoy, el único territorio posible para realizar la vida con plena conciencia

Así pues, ¿cómo habitar este tiempo sin que se nos escurra entre los dedos angustiadamente?

«Te despiertas por la mañana. ¡Vives!
No es lo normal: es un milagro.»

Habitar el tiempo supone tomar conciencia serena de lo que estamos viviendo y nos sirve como «ancla» que nos ayuda a equilibrarnos en los vaivenes y a llenar de significado nuestros días. Debemos empezar por una decisión fundamental: probar, saborear y agradecer el núcleo de la vida: el simple hecho de existir. ¡Pudiendo no haber existido! Estamos vivos. Cada uno de nosotros tal cual es.

En el modelo anterior de vida, pasábamos demasiado rápido por las cosas gratas e importantes. Poco a poco es necesario iniciarnos en el camino de la alegría verdadera, paladeando y degustando la vida en sí misma, aunque nos falten cosas importantes que anhelamos. Estas cosas, ¡quién lo diría! no llegarán si no pasamos por esta pedagogía. Sin ella, aunque lleguen, probablemente no las veremos o no las sabremos catar.

Para ello es necesario «darnos cuenta». Darse cuenta es una operación racional: tomar conciencia de uno mismo, «vernos» desde fuera y aceptar este hecho. Imprescindible para bajar revoluciones. Pero luego ir más allá, paladeando este momento: «detenerse», sentir y habitar esa sensación. Permanecer en ella conscientemente y agradecerla, ya que la gratitud es una forma muy profunda de sabiduría. Un «se da cuenta» con la razón, «saborea» con el cuerpo, y «agradece» con las entrañas. Vamos por pasos.

Primer escalón: Te despiertas por la mañana. ¡Vives! No es lo normal: es un milagro. Instalarse un momento en esta conciencia de vivir, respirar. Vives, sin más aditivos ni adjetivos. Y, paladeándolo, lo agradeces y permaneces un rato en la gratitud.

Segundo escalón: Te puedes mover, tienes un espacio agradable a tu alrededor, tienes paz y agua caliente, tienes un poco de comida en la nevera. Te das cuenta, saboreas este café. Y de nuevo: agradeces. Y permaneces en esta gratitud.

Tercer escalón: Hay personas que te quieren y a las que quieres. Estarán cerca o lejos, pero están. Si las tienes cerca, hazles notar que te importan. Paladea este hecho y permanece un rato en esta gratitud.

Si vas «habitando» estos momentos de tu existencia, poco a poco se irá transformando de una sucesión de instantes fugaces, en una vida digna de tal nombre. Poco a poco, dejarás que surja la alegría de sentirte ser.

Gran parte de la infelicidad que muchos sienten de manera habitual tiene su origen no solo en la prisa con que pasan por los momentos de contacto con los demás, sino por el perpetuo deseo de que sean de otra manera. Que nos estimen como nosotros deseamos, y no como nos estiman de hecho; y que actúen como pensamos. Un pasaporte a la infelicidad.

Pues un buen antídoto es aquel darse cuenta, saborear y gratitud a que hacía referencia. Si nos ejercitamos en ellas, poco a poco nos será más fácil abrazar la vida tal y como es. Con lo que nos da. Con lo que cada persona nos aporta. ¡Con lo que recibimos libremente de ellas, que es algo! ¿Es eso todo lo que esperamos? No; muchos quizás deseamos más afecto, mejor expresado y más espontáneo. Pero ese deseo constante de algo más, si nos dejamos invadir, ahoga en nosotros la capacidad de disfrutar y agradecer lo que sí nos dan, lo que sí recibimos, lo que sí tenemos, lo que sí somos. Hoy.

Leticia SOBERÓN MAINERO
Psicóloga y doctora en comunicación
España
Publicado originalmente en RE catalán núm. 107

Publicaciones relacionadas

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.