Ser soles

Ser soles

Con este artículo se completan los matices del ensayo Pedagogía de la amistad existencial (https://www.revistare.com/2019/09/pedagogia-de-la-amistad-existencial/) [i],
sobre las reflexiones educativas de Alfredo Rubio de Castarlenas, creador e impulsor del realismo existencial.

“Ser un sol de amor,
pasar por el mundo amando a los demás”.
Alfredo Rubio de Castarlenas

Imagen: Josep Alegre

El sol es fuente de energía para los seres vivos. En su núcleo se generan reacciones que propagan su dinamismo en todas las direcciones hasta transformarse en luz visible y calor. Su fuerza es motor de la atmósfera, de nuestro medio ambiente y de la vida en la tierra. Esta radiación solar, que llega a nosotros globalmente, da lugar al color, la nitidez, la penumbra… y la luz. Una luz blanca, dispuesta por la combinación de ondas con energías semejantes y sin ningún predominio de unas sobre otras. Se presenta creativa según su dirección, calidad e intensidad… Si nos orientamos hacia esta fuente, aprovecharemos al máximo su potencial: cómplices entre luz y oscuridad, interesados en sus contrastes y tonos, activados con los efectos que proporciona, apasionados con el volumen de sus formas, inflamados con la sensación de profundidad y distancia… hasta vislumbrar la ruta que perfila esa luz.

Activar la energía amorosa

La creación es un estallido de luz y de belleza. Todos somos luz y, en el núcleo de nuestro ADN, una fuerza vital espera ser liberada. Cuidar la propia luz y la de los contemporáneos, desear lo bello, bonito y noble, ser sol de día y estrella de noche…, es abrirse al misterio de la existencia desde esta fiesta que nos pertenece. Cada vida es resplandeciente en su novedad y perspectivas, en sus límites y posibilidades. Aceptarlo, alegrarse y dejarse llevar por esa fuerza amorosa, que se despliega en las acciones buenas, que surgen del corazón…, conduce a vivir en verdad con la propia existencia. Toda vida es mensajera de luz por existir y amable en el bien que atesora. Aceptarla como llega a nosotros, explorarla desde el corazón, asumir esa realidad y actuar en consonancia, es el camino humilde que nos vincula a toda persona haciéndonos unos en el todo.

Imagen: Josep Alegre

Para activar la energía amorosa que todas las personas tenemos, es necesario, acoplar el interior y el exterior hasta experimentar la línea del bien, permitiendo la manifestación de lo bueno y lo bello, armonizando lo diferente y distante en nuestras relaciones…, que brotan del amor. El amor es luz que ilumina a quien lo da y a quien lo recibe. Al abrazarlo, contagia su poder de ser y transformar, saca lo mejor de nosotros mismos, e ilumina alrededor, con la bondad y belleza de su esencia. Es una energía inagotable, de crecimiento infinito, que orienta y da sentido a la vida en nuestra mejor versión. Pero ser luz y amor en la vida exige una decisión constante y un trabajo continuado, multiforme y universal, que aborda toda la vida. Es “encender” para despertar integralmente y unirse así a la luz, amor y energía de cada individuo.

Comenzamos a existir, en entrañable parentesco, desde nuestro ser amoroso. Compartimos con humildad, alegría, amor y entrega…, un proyecto de querer natural, limitado y libre, para abrirse en todo lo que somos. Este camino cíclico de subida, se va completando y aclarando en la cotidianeidad y el recorrido,  hasta desplegarnos en plenitud  y vestirnos de luz y de fiesta. Ese darse, sin dejar de ser yo para ser nosotros, nos modela como seres amantes, ya que prioriza a los otros. Desde una pasividad activa que se desborda, habrá que buscar ocasiones para vivir en esa fiesta de amor, siendo una casa abierta y estando contentos y saciados de lo que somos. Esta forma de ver, de valorar y de sentir nuestro ser, nuestro mundo y nuestra relación con los otros, convierte la existencia en paraíso.

Vivir en la verdad de todos

Imagen: Josep Alegre

Somos pequeños soles que emanan una energía que afecta a nuestro entorno. Dejar ser lo que somos en la más alta vibración de nuestra naturaleza, está en la base de nuestra postura existencial y posibilita la plenitud de la vida. Vivir hermanados en el sentir, de acuerdo con las leyes que dicta la bondad del ser, nos enfoca en la inclusión verdadera, afectuosa y empática. Así, gradualmente se va generando una dinámica de reciprocidad, de conciencia de estar unidos, de vivencia en la verdad de todos… Es una experiencia de apertura, en comunión de energía, unida a todo el universo y más allá de nosotros. El legado que deja una persona orientada así, es expresión máxima de su belleza natural: piensa globalmente pero actúa localmente.

Desde la hermosura, del que da y no espera nada a cambio, comprende el valor y dignidad de cada persona, escucha y actúa de manera auténtica, con compasión infinita, empatía desbordada, amabilidad incluyente… Su vida surge del amor por eso establece relaciones conscientes y de calidad, llenas de luz, calor y buenas vibraciones. Canaliza su acción creativa continuada y su dinámica inagotable hacia el desarrollo pleno de todo ser viviente. Hace que resplandezcan los corazones de toda persona con la que coexiste. La sonrisa que desprende estableciendo vínculos y apoyos emocionales, libera e ilumina incluso en días nublados porque capta el mensaje personal, acoge con interés sincero y atiende integralmente. Es grande porque transforma en acción la luz interior, pero se sustenta en la humildad, la sencillez y la bondad.

En nuestro ser,  siempre tenemos disponible el amor. Solo necesitamos estar abiertos a sentirlo dentro, aceptándolo y dejándonos guiar por él, empoderándonos del palpitar propio y ajeno, en un comportamiento prosocial de cercanía. Cuando sabes quién eres y sabes lo que tienes que hacer, tú decides el camino a seguir. Ser luz, amando como principiantes lo que hay y al otro, sentir lo que sienten los demás, ponerse en su lugar desde tus zapatos…, y en consecuencia actuar desde las prioridades que te definen trabajando en ello, te hará plenamente feliz. Si te miras al espejo y te abres a los demás, descubres que la verdadera transformación está en las personas al permitir que fluya toda la vida, en el coraje de atender(nos), aceptar(nos) y amar(nos), en nuestra totalidad, aquí y ahora, hasta volver(nos) amor incondicional.

Imagen: Josep Alegre

Ser libre, inteligente y capaz de amar

El núcleo del programa se resume en saber qué es amor, y enfocarse en cómo y a quién amar. Desde mi ser libre, inteligente y capaz de amar, puedo pensar, reflexionar, sumergirme, abrirme…, a un amor creativo, perseverante, misericordioso, fiel, tierno, providente, sin fronteras, generoso, liberador… Un amor alegre y libre, que se reconoce necesitado, que confía, que se abandona, que es dócil, que se da y se deja amar. Desde mi decisión personal, me ocupo en que ese amor vaya creciendo, haciéndose interpersonal, circular y progresivo. Un amor que viva su libertad amando, que opte por el bien y se dedique a construirlo junto a otros en la armonía del magma que nos une. Un amor difusivo, que se abra y multiplique cada vez más, que sea camino integral de progreso, que aporte todo lo que pueda en el lugar que vive… Un amor que hermosea y viste de fiesta a la persona y el entorno en que habita.

El yo se desarrolla a partir de los elementos constitutivos de la persona: alegría, luz y relación. La educación del ser, implica la toma de conciencia de la propia identidad, y conlleva asumirse como ser consciente y libre, que se orienta hacia unos valores. Todo proyecto pedagógico de crecimiento humano por el amor es intencionado, reflexivo y crítico. Cada uno ha de descubrir los criterios fundamentales que aplica a su vida y decidir con qué valores quiere caminar y hasta dónde va a desarrollar su ser. Para vibrar juntos en convergencia de libertades, hay que empezar por apreciar a cada cosa. Ser unidad luminosa, masa incandescente y cielo estrellado, que orienta y afecta cada vez a más personas, es una misión dura y difícil, que se crea desde la verdad del ser y se desarrolla en el amar y ser amado progresivos.

Imagen: Josep Alegre

Ser como el sol

La educación ha de proporcionar todos los medios necesarios para el crecimiento continuo en un contexto de interacción social, procurando que la libertad se convierta en autonomía y compromiso de responsabilizarse del otro, que también es libre, autónomo, sensato, solidario y comprometido. El educador, en su relación con el educando, ha de respetar sus elecciones y, buscar espacios de comunicación que impulsen el desarrollo de todo su ser. Al cultivar,  junto a él, las diversas caras del amor con paz y fiesta, se convertirá en faro que acompaña, orienta y guía el despliegue de su existencia. En la medida en que el educando se sienta bien consigo mismo, se relacione, establezca vínculos, se proyecte, crezca en el amor…, enfocará su  plenitud, unido a la de los otros.

El actor principal en el aprendizaje y evaluación es el receptor. El educador es como el sol, siempre está al otro lado irradiando luz y calor. Los docentes trabajan por la autogestión y la autonomía del educando, acompañándolo en su crecimiento continuo, vía corazón, en ambiente de diálogo, afecto, comprensión y empatía. Les interesa, por encima de todo, la persona en todas sus dimensiones y el despliegue completo de sus capacidades. Exploran maneras que le ayuden a llegar a lo más íntimo de su ser, convencido de su capacidad innata de querer y actuar bien. Este proceso de crecimiento y de formación integral, continua y cooperativa, va iluminando de sentido y significado, el proyecto de vida centrado en el amor por sí mismo, por los otros y todo lo que le rodea.

Desde esta pedagogía de lo humano se va preparando para los grandes pasos que ha de dar en la vida, al darse a luz y dar luz. Con voluntad, alentado por un apoyo seguro, afianzado en la vida social de encuentro…, reforzará sus decisiones al hacerse cargo de su vida en la edad y momento que le correspondan. Gestionando sus límites y responsabilidades, siendo el mejor amor posible donde vive…, aprenderá a amar creciendo en la propia libertad y la del otro en su vida. Esta orientación, en dirección y sentido, le conducirá hacia la verdadera alegría de existir. En este proceso, el educador será sol eficaz al entregar su vida para que otros puedan llegar a ser, respetando siempre su libertad y asumiendo los frutos de esa libertad con amor.

Vestirse de sol

Imagen: Josep Alegre

Todo ser al existir tiene una vida por delante y suficientes recursos de autocontrol, autonomía y autodeterminación para encender su presencia luminosa. El despertar en amor y entrega, comienza en la familia, porque justamente aquí aprendemos a dar y recibir amor y desplegar esa capacidad en todos los órdenes y dimensiones de la vida. Siguiendo esa pedagogía amorosa,  se potencia una persona y una comunidad que  promueven la solidaridad, la autoestima, la confianza, el cuidado, la amistad y el respeto por sí mismo y por los demás. El verdadero sentido del amor abre todas las posibilidades de crecimiento con armonía en el sentir, pensar, hacer y trascender. Siendo nosotros y desarrollando la alteridad como un proyecto de amor, caminaremos juntos hacia la felicidad.

Este es parte del legado de Alfredo Rubio. Se trata de un itinerario de libertad responsable y social hacia el amor benevolente, sincero, maduro y perseverante. Desde una libertad personal recíproca, que potencia la vivencia justa, pacífica y festiva de la existencia. Explorando una gozosa, fecunda, eficaz, solidaria y plenificante colaboración. Creciendo en alteridad para desarrollar el peregrinaje sellado en nuestra naturaleza de ser para los demás. Sustentados en un modo de ser, vivir y relacionarse como personas libres, corresponsables, alegres y amigas. Siendo sol de amor que hace cosas en amor encarnado: suavizando, purificando, escuchando, acogiendo, acariciando, descansado, moviendo, entusiasmando, iluminando… El reto es acompañar a las personas hacia la libertad para que puedan amar y así ser soles, que contribuyen a ajardinar el mundo en que viven.

Josep ALEGRE
Profesor, filólogo y educador socio-cultural
Barcelona, España
Noviembre de 2020

[i] Este artículo se ha ido concretando progresivamente:
El mapa vital (https://www.revistare.com/2019/11/el-mapa-vital/),
Bien  aventurados (https://www.revistare.com/2020/02/bien-aventurados/),
Brotes primaverales
(https://www.revistare.com/2020/05/brotes-primaverales/) y
Amistearnos
https://www.revistare.com/2020/08/amistearnos/).

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